Los avances tecnológicos que ayuadn a reducir costos de procesos, pueden (aunque tal afirmación
pueda molestarle a un riguroso profesor que tengo) ser entendidos como
exponenciales, por cuanto cada vez demora menos ver una nueva técnica que acelera cierto proceso. Eso es, sin duda, bueno para el consumidor final, pero presenta un dilema a la administración: ¿Conviene volver a cambiar de tecnología antes de recuperar la inversión
del cambio anterior? ¿Y si es así, cuando? Obviamente hay evaluaciones
formales a dicha pregunta, pero la avalancha de nuevas ideas no permite
evaluarlas todas. Predecir la potencia del próximo
método, cuando va a salir y cual será su costo real son algunas de las
variables que hay que cuantificar. Dado lo anterior caemos incluso en
el dilema de cuando conviene evaluar.
Yo ya tengo una respuesta, el problema es que cuando estés leyendo este blog, mi respuesta quizás ya este obsoleta...
