El discurso que motiva la acción, habla de un futuro que para el individuo será preferible a las esperanzas que proyecta el presente. Sin embargo, tiendo a pensar que además los hombres tienen un deseo innato a revelarse, lo que teóricamente puede entrar en confrontación con el fondo del discurso.
¿Hasta que punto puede un conmovedor llamado revolucionario sobreponerse a la objetividad? O por otra parte, ¿cuán profundo debe ser el conocimiento de la materia objetada para no dejarse doblegar por el líder más convincente?
En una sociedad que progresa vertiginosamente y que cada vez más, centra su actuar en criterios técnicos, parece que las oportunidades para una revolución son exponencialmente menores.
Dejo la teoría y reflexiono: Vaya problema con el que se encontrarán en mil años más.